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Discurso pronunciado por el Ministro de Relaciones Exteriores, Embajador Eladio Loizaga en oportunidad de la imposición de la Condecoración “Orden Nacional del Mérito, en el Grado de Gran Cruz”, al Canciller de Chile Heraldo Muñoz
Publicado: 12/05/17 06:00:p. m.

Señor Canciller, Señores Embajadores, autoridades de la Cancillería chilena, Señoras y Señores:

Cuando los vastos caminos de la diplomacia, y de la política, nos han llevado a encontrarnos, y a forjar una gran y profunda amistad, como ha ocurrido con nosotros mi querido Heraldo, tener este altísimo honor de imponerte la condecoración con la que te distingue el Gobierno del Paraguay, adquiere para mí una significación personal e institucional.

Personal, porque este reconocimiento que te hace mi país es también para mí una inmensa dicha que recordare siempre. Institucional, porque esta distinción expresa testimonialmente la vocación de histórica amistad que une a nuestros dos pueblos y que nuestras respectivas Cancillerías la consolidan en un abrazo fraternal entre la República del Paraguay y la República de Chile.

¡Cómo no olvidar las similitudes que en el ejercicio de las funciones gubernamentales coincidimos en este duro trajinar por las representaciones tan difíciles! Y ambos al inaugurar los periodos del retorno de la democracia en nuestros países. En tu caso como ministro Secretario General de Gobierno, y en el mío como Secretario de la Presidencia, para desde ambos cargos contribuir, política y constitucionalmente, a la institucionalización de la democracia y del estilo de vida republicana en Chile y en el Paraguay.

Mi apreciado Canciller

En Nueva York coincidimos siendo Representantes Permanentes de Chile y Paraguay ante la Organización de las Naciones Unidas, donde forjamos una fecunda y sincera amistad, llena de vívidos recuerdos, hasta en lo lúdico, jugando al fútbol, amando a nuestras casacas, roja la tuya, y albirroja la mía.

Esta cercanía ha tenido una gran influencia para que nuestras gestiones, ya como Cancilleres hoy, nos esforcemos sin cesar por mejorar, aún más, las relaciones entre Paraguay y Chile, en consonancia con su heroica historia y sus inalienables derechos.

Ya la Independencia estableció un lazo imposible de olvidar. Pues entre las huestes del Libertador José de San Martín --nacido en una tierra de procedencia paraguaya, Yapeyú-- el Coronel José Félix Bogado había tenido una notable participación en las luchas libertarias de Chile. Al frente de los Granaderos a Caballo libró también una feroz batalla en los campos de Maipú y Chacabuco para sellar su nombre entre los próceres que acudieron desde el Sur a unirse con las gestas emancipadoras lideradas por el General Bernardo O'Higgins, padre de la patria de Chile.

De modo que no fue nada casual la solidaridad de Chile con los esfuerzos del Paraguay para constituirse en un Estado soberano. Cuando el Doctor Francia proclamó la Primera República del Sur y tuvo que superar el aislamiento que los grandes vecinos sometieron al Paraguay, Chile abrió sus largas fronteras en el Pacífico para que mi país pudiera llegar a las naciones de ultramar. Y así fue para que en el Canto General el genial Pablo Neruda dijera de nuestro patriarca que la "...ilustración del Supremo saltaba sobre los muros...".

Y cuando después, en una Guerra Grande "de cuyo nombre no quiero recordar", el Paraguay fue arrasado y podía perder su soberanía, surgió desde Chile la preclara voz de Eusebio Lillo, notable hombre público y autor del himno de este hermano país, para alzarse contra los invasores y proclamar que "ninguna nación civilizada permitirá la anexión del Paraguay y menos aún la pérdida de su soberanía".

Pero si bien en los comienzos del Siglo XX hubo otro gesto ejemplarmente solidario de Chile con el Paraguay, miremos los avances en nuestras relaciones actuales. Y no podemos si no partir de la concesión del Depósito Franco en Antofagasta por Chile a nuestro país mediterráneo, y en reciprocidad también el otorgamiento de idénticas facilidades portuarias a Chile sobre el Río Paraguay. Son espacios de integración que debemos aprovechar para la expansión de nuestro comercio exterior.

Comercio, dicho sea de paso, que hoy tiene un extraordinario dinamismo entre nuestros dos países, como asimismo la cooperación bilateral en los ámbitos de la modernización del Estado, del intercambio cultural y especialmente en la transmisión de los conocimientos en ciencia y tecnología a través de las crecientes interacciones entre nuestras universidades, públicas y privadas. También debo destacar y agradecer las becas que la Academia Diplomática "Andrés Bello" viene otorgando sistemáticamente a los funcionarios diplomáticos del Paraguay, y cuya ampliación y reciprocidad seguramente lograremos en breve.

El Paraguay y Chile, Chile y Paraguay, mantienen una política proactiva en el campo de la integración regional. Es así que valoro especialmente la iniciativa impulsada por tu gestión, mi apreciado Canciller Heraldo Muñoz, y que tiene como propósito la convergencia entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico. Esta magna tarea ahora más que nunca es importante para la integración bioceánica entre ambos bloques.

Estimado amigo;

Aunque sean complejas y arduas las escarpadas pendientes hacia la democracia, los gobiernos de Chile y del Paraguay apuestan a su consolidación. La vigencia plena del Estado de Derecho demuestra la solidez de nuestras instituciones y asegura el ejercicio efectivo de sus principios y normas. Las libertades tienen vida en todos los confines de nuestros países, así como el respeto, la protección y la promoción de los derechos humanos. Por tanto, resulta lógico que nuestros gobiernos estén fehacientemente comprometidos con la consagración universal de la soberanía de nuestros pueblos, basada también en el ejercicio universal de los derechos humanos, pilares fundamentales de la democracia así como la libertad de expresión. Sistema que anhelamos preservar para que nunca más sufra una regresión en el mapa de toda la América Latina.

Al compartir estos imperativos políticos, sociales y culturales, el Gobierno del Presidente don Horacio Cartes, al hacerme portavoz de su cordial saludo y entrañable aprecio a la Presidenta Michelle Bachelet, me encarga la noble misión de imponerte, querido Canciller, la condecoración de la Orden Nacional del Mérito, en el Grado de Gran Cruz, en reconocimiento de tu fecunda labor en beneficio de los sólidos vínculos que unen a Chile y Paraguay, y a sus respectivos pueblos y gobiernos.

Y a mí me embarga una indescriptible emoción al cumplir con este alto testimonio de amistad, precisamente porque personalmente la hemos cultivado y porque sé, querido Heraldo Muñoz, que seguiremos honrándola en el supremo ideal de engrandecer el bienestar y la prosperidad de nuestras dos naciones, unidas por la historia y la conquista del futuro.

Muchas gracias



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