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Presentación de tema de la 44° Asamblea General de la OEA ante el Consejo Permanente

Señor Presidente del Consejo Permanente,
Señores Representantes Permanentes,
Señores Observadores Permanentes,
Señor Secretario General,
Señor Secretario General Adjunto,
Señoras y Señores


Deseo en primer lugar expresarle la gratitud del Gobierno y del pueblo paraguayo por permitir que la ciudad de Asunción sea la sede de la próxima Cuadragésima Cuarta Asamblea General de la OEA en junio próximo. Les transmito el fraterno saludo de don Horacio Cartes, Presidente de la República del Paraguay.

Permítanme señalar que la Organización de Estados Americanos apoyó históricamente a nuestro país en sus momentos difíciles. Cuando el Paraguay inicia su proceso de transición democrática en 1989, fue esta Organización, la que nos acompañó cuando la Asamblea General sesionó en Paraguay en 1990, oportunidad en que se conmemoró el “Centenario del Sistema Interamericano”. Recientemente, con veinticinco años de plena democracia, la OEA acompaño de cerca al Paraguay cuando tomamos una decisión política difícil pero en pleno ejercicio de nuestra soberanía y bajo el amparo de las normas constitucionales que dicta nuestra carta magna.

La ciudad de Asunción, bautizada por los historiadores como “Madre de Ciudades” abre sus puertas con la generosidad y hospitalidad que caracteriza al pueblo paraguayo y esperamos que estén presentes en la cita Continental, porque la diversidad de nuestros orígenes, la riqueza del debate y la solidaridad y cooperación interamericana reflejan la fortaleza de nuestra América y de nuestra Organización.

Desde el corazón del Sur hemos acompañado y transitado por una dura senda hacia el desarrollo de nuestros pueblos y hoy podemos mirar atrás con satisfacción el crecimiento que hemos experimentado en los últimos años. Podemos sentirnos orgullosos por ser una región que ha propiciado un progresivo aumento en la calidad de vida de nuestros habitantes. Este momento de crecimiento económico debe servir para que la región esté integrada y aprovechar los beneficios redundantes del auge económico que hasta ahora marcan las estadísticas del continente americano.

Pero este progreso no se extiende a todos y esa es una situación que ya no podemos seguir permitiendo en nuestra región, puesto que, no obstante los resultados alcanzados, aún no se han podido superar las graves situaciones de la pobreza existente, así como la desigualdad e inequidad. Creemos enfáticamente que el desarrollo sin disminución de la pobreza y la desigualdad, es un hecho injustificable y adoptar medidas urgentes es imprescindible para todos nosotros. La persistencia de estas inequidades atentan la sostenibilidad democrática de nuestro continente.

El desarrollo con inclusión social es una prioridad que el Gobierno de la República del Paraguay quisiera compartir con todos ustedes. Nuestro objetivo es mantener el debate hemisférico sobre la urgencia de buscar avances efectivos en el desarrollo inclusivo, que conlleve la generación de oportunidades para todos, en aras de la dignificación del ser humano. En tal sentido, me permito en nombre del Gobierno de mi país proponer formalmente ante el Pleno de este Consejo Permanente, como tema central del Cuadragésimo Cuarto Periodo Ordinario de la Asamblea General el “Desarrollo con inclusión social”, teniendo en cuenta que es un tema central para toda América Latina.

Proponemos enfocarnos en ejes que necesitamos revitalizar nuestros esfuerzos a fin de obtener resultados concretos y efectivos en el menor plazo posible; como son la erradicación de la pobreza y la pobreza extrema, la reducción de la inequidad y la exclusión social; el acceso a la educación y la garantía de la salud integral. Planteamos abordar los efectos negativos que estos factores generan en la Democracia y en la Seguridad Ciudadana. También quisiéramos reflexionar sobre el rol efectivo que la OEA debe cumplir para el desarrollo de estas prioridades y la colaboración que el sector privado pueda prestar, conforme a la responsabilidad social que tienen.

El problema de la pobreza y la pobreza extrema persiste en nuestra región y si bien los esfuerzos que hacemos para erradicarlas ocupan recurrentemente titulares en nuestras manifestaciones, enunciados y programas de Gobierno, la realidad nos sigue golpeando y es, que en América Latina, hay 164 millones de personas que viven en situación de pobreza, de los cuales 68 millones se encuentra en la extrema pobreza o indigencia.

Los países hermanos del continente que están fuera de estas preocupantes cifras también tienen un rol importante que cumplir para su reducción a través de programas de cooperación y transferencia de conocimientos y experiencias.

Esta situación no se condice con el índice de desarrollo de nuestros países, para lo cual debemos corregir estos efectos en nuestro crecimiento, ya que el aumento de la pobreza extrema y la indigencia merecen una atención urgente y se deben introducir cambios estructurales en nuestras economías para crecer de forma sostenida y con mayor igualdad y equidad por sobre todo.

La misma urgencia demanda la atención de la desigualdad en nuestra región. Hemos escuchado en un sin número de ocasiones que América Latina y el Caribe es la región más desigual del mundo. ¿Es suficiente lo que hacemos para reducir esa brecha? Es la pregunta que Paraguay quiere volver a plantearles para que nuestra Asamblea adopte decisiones concretas, tangibles y urgentes, en consonancia con los esfuerzos que estamos desarrollando en otros foros y en los postulados de la Carta Social de las Américas.

Consideramos importante la implementación de políticas económicas y sociales adecuadas, que fomenten la inversión, el desarrollo económico, la generación de empleos y una distribución equitativa y justa de los ingresos.

Es importante además, impulsar políticas de inclusión que combatan todo tipo de intolerancia y discriminación. Promover activamente la inclusión social de grupos en situación de vulnerabilidad es urgente así como lo es asegurar su acceso justo, equitativo y no discriminatorio a los beneficios del desarrollo;

Los pueblos indígenas constituyen un importante porcentaje de la población del continente americano. Asambleas Generales, Reuniones Especializadas, Resoluciones y Recomendaciones en distintas instancias del sistema interamericano, han tratado la participación inclusiva de los pueblos indígenas, especialmente en lo referido a la erradicación de la extrema pobreza que les afecta. Mi país hace un llamado a los Estados miembros para proseguir con los trabajos tendientes a concluir el texto de la Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, e igualmente propiciar mecanismos para garantizarles sus justas reivindicaciones, su supervivencia, su dignidad humana con desarrollo y bienestar.

En cuanto a los derechos de las mujeres, es de reconocer los esfuerzos de los Estados miembros para facilitar la igualdad de oportunidades de las mismas. Sin embargo, esos esfuerzos no son suficientes para el logro de una sociedad igualitaria en derechos de las mujeres en todo el hemisferio y poner fin a la discriminación.

La mujer, en determinados grupos sociales o étnicos aun es víctima de exclusión. Es por ello, que nuestra Organización y sus organismos especializados deben continuar en la labor de identificar y atender las causas de esa exclusión, y atender asimismo todo el disfrute pleno de sus Derechos Humanos, buscando especialmente la erradicación de la violencia.

El Gobierno del Paraguay consustanciado con los esfuerzos que la OEA viene desarrollando,alienta a todas las delegaciones hermanas para que en Asunción, Paraguay, pueda suscribirse la “Convención Interamericana sobre los Derechos Humanos de las Personas Mayores” y así consagrar un instrumento interamericano que nuevamente marcará un hito en el acervo jurídico del derecho internacional situando a nuestra América a la vanguardia en la materia.

Asimismo, la protección de los derechos de la niñez y de la adolescencia constituye para nuestros países una tarea prioritaria. Buscando ese objetivo, deseamos abogar por una mayor discusión del tema de la niñez y de la adolescencia en la agenda del debate internacional, deseando que los Estados redoblen sus esfuerzos en la prevención de violencia física de niños, en la lucha contra la violencia y explotación, contra las peores formas de trabajo infantil y otros diferentes tipos de vulneraciones.

La educación es otro de los ejes esenciales para el desarrollo. Proponemos establecer mecanismos eficientes para incorporar en nuestros sistemas educativos planes de formación profesional y técnica, que aumenten la inversión en conocimientos, aptitudes, competencias y habilidades, para facilitar el acceso y la reinserción al empleo, apoyar el desarrollo personal y profesional y maximizar la productividad de la economía.

Queremos concentrarnos en la educación para el empleo. Si bien hemos dado pasos importantes para avanzar en niveles de alfabetización, en educación primaria y secundaria creemos que la contribución concreta y efectiva que podemos alcanzar desde nuestra organización debe estar focalizada a la educación técnica y profesional.

Debemos incorporar a nuestros jóvenes al proceso de crecimiento que estamos viviendo. Las cifras y mediciones con que contamos a nivel nacional, que comparan el crecimiento económico contrastado con los niveles de analfabetismo funcional, nos hacen notar que no estamos preparando a nuestros jóvenes para las demandas del desarrollo que estamos experimentando. Esta situación no escapa a la realidad de la mayoría de los países de nuestra región.

Muchos de los jóvenes siguen teniendo dificultades para ingresar al mercado laboral y para obtener un trabajo decente, digno y productivo. Por lo que debemos propiciar el espacio adecuado para la generación de fuentes de ingreso y empleo e incentivar la consolidación de los sistemas de protección y atención, en particular, de aquellos que viven en condiciones de vulnerabilidad como consecuencia de su exclusión social.

Entendemos que una población sana es un requisito previo y esencial para el desarrollo social y económico inclusivo de nuestros países.

Consideramos a la salud como condición previa y como un indicador de las tres dimensiones del desarrollo sostenible: la económica, la ambiental y la social. La salud debe volver a ser considerada una inversión por los organismos financieros internacionales.

Garantizar vidas saludables no se logrará solo con la labor del sector de la salud, por eso proponemos la reducción de las desigualdades sanitarias y en este sentido, vemos imperiosa la necesidad de trabajar intersectorialmente a fin de generar impacto sobre el estado de salud de la población y trabajar en nuevos arreglos institucionales que nos permitan articular las políticas de todos los sectores basados en la cooperación entre los Estados miembros de la organización.

El desarrollo integral, la democracia y los derechos humanos son elementos interdependientes que se refuerzan mutuamente, sus fortalezas y debilidades repercuten proporcionalmente en la estabilidad de los Gobiernos. Todos somos conscientes de que una justa distribución de beneficios permitirá optimizar la educación, garantizar el acceso a la salud integral y contribuirá a la seguridad ciudadana y a la estabilidad democrática.

La disminución del crimen y la inseguridad en la población guardan una estrecha relación con el desarrollo con inclusión social y a su vez la inseguridad conspira contra la consolidación de la democracia.

El desafío está en la generación de oportunidades de educación y empleo para aquellos sectores más expuestos y vulnerables. Estas iniciativas permitirán apartar a los jóvenes de sectores más desprotegidos del flagelo que tiene de la delincuencia.

La participación del sector privado, bajo el principio de la responsabilidad social, en el desarrollo con inclusión social, son emprendimientos que deberían ser acompañados por todos los Estados, sobre todo aquellos que hayan impulsado un efectivo afianzamiento del desarrollo y logrado avances significativos hacia una sociedad más inclusiva e igualitaria.

Consideramos importante poder intercambiar criterios y experiencias sobre cómo el sector privado colabora o podría colaborar a fin de incrementar este crecimiento que buscamos con inclusión social. El Estado no puede constituirse en el principal generador de empleo. Resulta imperiosa la necesidad de ir evaluando la participación de todos los actores, en alianza con los sectores gubernamentales y con el objetivo de establecer actividades que alcancen a todos los ciudadanos sin exclusiones de mayor naturaleza.

En atención a los puntos señalados anteriormente, consideramos oportuno que los Cancilleres reunidos en la Cuadragésima Cuarta Asamblea General de la OEA en Asunción, aporten sus puntos de vista en relación hacia las acciones gubernamentales realizadas en favor de la inclusión social, sobre todo describiendo los avances que se han conseguido, al tiempo de señalarnos los desafíos existentes, que sabemos son varios y deben ser afrontados de manera urgente.

Estamos seguros que las Delegaciones expondrán sus buenas prácticas en la materia, como experiencias de los Estados que pueden ser compartidas ante las realidades similares que enfrentamos, de acuerdo también con los resultados obtenidos. Tenemos mucho en común y los problemas que tenemos existen en casi todos los

países del hemisferio. Creemos que el debate debe profundizarse en una discusión de alto nivel, al ser el tema del “desarrollo con inclusión social” tan trascendental y fijarnos quizá el objetivo de tener una América sin pobreza para el año 2020.

Por último, no quisiéramos dejar de lado el rol que desempeña la Organización de Estados Americanos en el tema del desarrollo con inclusión social. Esperamos igualmente conocer la opinión de las Delegaciones en relación al curso de acción a seguir en el marco de los trabajos de la OEA, considerando los diversos mandatos que ostentan sus diferentes mecanismos existentes, sobre todo atendiendo a como los mismos pueden ser fortalecidos y optimizados con el fin de consolidar sus resultados en el marco de la visión estratégica que surgirá del consenso de todos nosotros, documento fundamental con el que esperamos contar en la brevedad. En dicho sentido, esperamos que en Asunción se pueda consensuar un pronunciamiento sobre el futuro que deseamos para nuestra Organización.

Me permito agradecer al señor presidente del consejo permanente, Señores Representantes Permanentes, Observadores Permanentes, Señor Secretario General, Señor Secretario General Adjunto, porque estoy seguro que con su apoyo el éxito del Cuadragésimo Cuarto Periodo Ordinario de Sesiones de la Asamblea General a celebrarse en el Paraguay está asegurado por la riqueza del debate que nos encaminará a conclusiones que permitirán a nuestros pueblos aspirar a un Desarrollo más amplio con Inclusión Social, con acciones concretas, positivas y sostenibles.

Finalmente, les invito a aprovechar la ocasión para conocer la riqueza guaraní, y se tradujo en la cultura paraguaya admirada por propios y extraños, por su música, su gastronomía, su artesanía, sus lugares históricos, sus maravillas naturales que aunadas a la hospitalidad del pueblo paraguayo me permiten augurarles una muy feliz estancia porque para conocer al Paraguay hay que sentirlo.

Muchas gracias.