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“La amistad social implica construir en común, consensuar en la verdad, construir una cultura del encuentro y del gusto de apreciar al otro”
Publicado: 07/29/22 07:00:p. m.

En el marco de la celebración del Día Internacional de la Amistad, llevada a cabo hoy en el Ministerio de Relaciones Exteriores, el sacerdote antropólogo José Zanardini, tuvo a su cargo una enriquecedora intervención para reflexionar sobre el concepto de la amistad desde el punto de vista de las relaciones internacionales. Compartimos in extenso su alocución:

Disertación en la Cancillería Nacional por el Día Internacional de la Amistad

Padre José Zanardini (*)

En un gran honor y alegría para mí compartir con ustedes este Acto para celebrar el “Día Internacional de la Amistad”, establecido el 3 de mayo de 2011 y aprobado por 193 Estados miembros de las Naciones Unidas. Este día se inspiró en la Cruzada de la Amistad, fundada el 20 de junio de 1958 por un grupo de personas en Puerto Pinasco, Chaco paraguayo: el Dr. Artemio Bracho, médico del lugar, fallecido en junio del 2021, algunos empresarios y el salesiano P. Saldívar, párroco de Puerto Pinasco.

Nuestra reflexión esta mañana mira cómo construir amistad entre las naciones. Y surgen por lo tanto las preguntas: ¿Cómo hacer?, ¿Por dónde empezar?, ¿Es una mera utopía?, ¿Se hicieron ya pasos en adelante? Es evidentemente una tarea ciclópea y abrumadora.

Es bastante fácil decir que la amistad entre las naciones debe basarse sobre la igualdad de derechos y la libre determinación de los pueblos para apuntar al fortalecimiento de la paz universal; pero para eso es necesario caminar decididamente hacia la fraternidad y la amistad social con esfuerzos permanentes, sabiendo que el camino está diseminado de espinas, de tropiezos, de caídas, de desalientos y de retornos al caos inicial.

Sin embargo es necesario soñar y soñar juntos; y asumir aquellas actitudes de Francisco de Asís que ya en el siglo XIII, en un mundo dilapidado por guerras, rencillas, traiciones y pobrezas, se sentía hermano del sol, de la luna, del viento, de las flores, del agua, de los animales y por supuesto de los seres humanos, especialmente de los abandonados, de los enfermos, de los descartados, de los últimos.

En 2019, los líderes de dos grandes religiones: el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb, de Egipto, y el Papa Francisco, de Roma, firmaron en Abu Dabi un histórico “Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común”.

Este documento contiene preciosas indicaciones para hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad. Nadie puede pelear la vida aisladamente. Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia adelante.

El mismo Papa Francisco escribió en el año 2020 una carta encíclica titulada Fratelli Tutti (Todos Hermanos) donde dice textualmente: “Qué importante soñar todos juntos. Solos, se corre el riesgo de tener espejismos, en los que se ve lo que no hay; los sueños se construyen juntos. Soñemos como una única humanidad. Como caminantes y como hijos de este mismo planeta que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe y de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos”.

La antropología cultural nos enseña los conceptos básicos de cultura, de identidad, de cambio cultural, y nos ofrece una visión holística de la realidad. Uno de los aspectos más asombroso es la existencia de numerosísimas diversidades culturales. Los seres humanos a lo largo de los milenios han creado lenguas, creencias, prácticas, sistemas educativos, económicos, políticos, religiosos y judiciales muy diversos que han dado origen a través de sucesivas evoluciones a los Estados modernos a partir de las pequeñas tribus iniciales.

Actualmente existen aproximadamente siete mil lenguas en el mundo. Esto significa también siete mil culturas, siete mil cosmovisiones, siete mil filosofías de vida, siete mil maneras de preparar alimentos y curar enfermedades, siete mil maneras de interpretar y vivir el nacimiento, la vida, la muerte. Tenemos por lo “La amistad social implica construir en común, consensuar en la verdad, construir una cultura del encuentro y del gusto de apreciar al otro”.

En el marco de la celebración del Día Internacional de la Amistad, llevada a cabo hoy en el Ministerio de Relaciones Exteriores, el Padre José Zanardini, tuvo a su cargo una enriquecedora intervención para reflexionar sobre el concepto de la amistad desde el punto de vista de las relaciones internacionales. Compartimos in extenso su alocución:

Discurso en Cancillería por el Día Internacional de la Amistad

En un gran honor y alegría para mí compartir con ustedes este Acto para celebrar el “Día Internacional de la Amistad” establecido el 3 de mayo de 2011 y aprobado por 193 Estados miembros. Este día se inspiró en la Cruzada de la Amistad, fundada el 20 de junio de 1958 por un grupo de personas en Puerto Pinasco, Chaco paraguayo: el Dr. Artemio Bracho, médico del lugar, fallecido en junio del 2021, algunos empresarios y el salesiano P. Saldívar, párroco de Puerto Pinasco.

Nuestra reflexión esta mañana mira cómo construir amistad entre las naciones. Y surgen por lo tanto las preguntas: ¿Cómo hacer?, ¿Por dónde empezar?, ¿Es una mera utopía?, ¿Se hicieron ya pasos en adelante? Es evidentemente una tarea ciclópea y abrumadora.

Es bastante fácil decir que la amistad entre las naciones debe basarse sobre la igualdad de derechos y la libre determinación de los pueblos para apuntar al fortalecimiento de la paz universal; pero para eso es necesario caminar decididamente hacia la fraternidad y la amistad social con esfuerzos permanentes, sabiendo que el camino está diseminado de espinas, de tropiezos, de caídas, de desalientos y de retornos al caos inicial.

Sin embargo es necesario soñar y soñar juntos; y asumir aquellas actitudes de Francisco de Asís que ya en el siglo XIII, en un mundo dilapidado por guerras, rencillas, traiciones y pobrezas, se sentía hermano del sol, de la luna, del viento, de las flores, del agua, de los animales y por supuesto de los seres humanos, especialmente de los abandonados, de los enfermos, de los descartados, de los últimos.

En 2019, los líderes de dos grandes religiones: el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb de Egipto y el Papa Francisco de Roma firmaron en Abu Dabi un histórico “Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común”.

Este documento contiene preciosas indicaciones para hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad. Nadie puede pelear la vida aisladamente. Se necesita una comunidad que n os sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia adelante. El mismo Papa Francisco escribió en el año 2020 una carta encíclica titulada Fratelli Tutti (Todos Hermanos) donde dice textualmente: “Qué importante soñar todos juntos. Solos, se corre el riesgo de tener espejismos, en los que se ve lo que no hay; los sueños se construyen juntos. Soñemos como una única humanidad. Como caminantes y como hijos de este mismo planeta que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe y de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos”.

La Antropología cultural nos enseña los conceptos básicos de cultura, de identidad, de cambio cultural, y nos ofrece una visión holística de la realidad. Uno de los aspectos más asombroso es la existencia de numerosísimas diversidades culturales. Los seres humanos a lo largo de los milenios han creado lenguas, creencias, prácticas, sistemas educativos, económicos, políticos, religiosos y judiciales muy diversos que han dado origen a través de sucesivas evoluciones a los Estados modernos a partir de las pequeñas tribus iniciales.

Actualmente existen aproximadamente siete mil lenguas en el mundo. Esto significa también siete mil culturas, siete mil cosmovisiones, siete mil filosofías de vida, siete mil maneras de preparar alimentos y curar enfermedades, siete mil maneras de interpretar y vivir el nacimiento, la vida, la muerte. Tenemos por lo tanto una riqueza imperdible.

Pero en este impresionante abanico de culturas diversas existe también una actitud que puede amenazar a las demás culturas y hostigarlas. Se trata del fenómeno comúnmente llamado etnocentrismo: es la actitud innata de cada grupo humano de valorar principalmente a su propia cultura y de mirar a las otras con superioridad, considerándolas inferiores. Sin embargo cada cultura posee sus valores y debilidades.

Por ejemplo, analizamos la situación del Paraguay: aquí existen veinte diversas culturas indígenas con sus respectivas lenguas que poblaron este continente decena de miles de años atrás; fueron los primeros migrantes de esta tierra; los chaqueños de cultura paleolítica migraron desde Oceanía por el polo sur, los guaraní de la región oriental con cultura neolítica que migraron desde las islas del pacífico por vía marítima. Estas culturas son aún hoy portadoras de grandes valores en muchos campos: ecológico, medicinal, botánico, zoológico, espiritual, social y otros. Tienen una economía sustentable y aplican la solidaridad y la esencialidad sin consumismos digregadores.

En el siglo XVI llegaron los primeros exploradores; por agua el veneciano, Sebastián Caboto en 1528, por tierra desde el Atlántico el portugués Alejo García entre 1521 y 1525. Los españoles fundaron el fortín Nuestra Señora de la Asunción el 15 de agosto de 1537.

No podemos ahora narrar las historias de los encuentros y desencuentros con las poblaciones indígenas de aquel tiempo.

Después de la Guerra Grande, 1865-1870, empezaron a llegar al Paraguay: italianos, ingleses, alemanes, franceses, japoneses, eslavos, coreanos, y en las últimas décadas un gran número de brasileños. Todo esto configura un Paraguay plurilingüe y pluricultural, donde las lenguas oficiales y constitucionales son el guaraní y el castellano y las lenguas indígenas son reconocidas como oficiales en sus respectivos hábitats.

¿Qué significó esta gran diversidad para el Estado paraguayo?

¿Cómo generar una sociedad armónica y en paz con todas las diversidades culturales? Evidentemente no se puede coartar las lenguas y las culturas minoritarias, se trata de construir una sociedad donde se genere una unidad territorial-política estatal, pero con respeto a las diversidades culturales y lingüísticas. Es esto el desafío no solo del Paraguay sino de todos los países del mundo.

El etnocentrismo cultural-lingüístico es un peligro latente para las culturas minoritarias y aquellas consideradas inferiores; puede generar desequilibrios en sus respectivos países y en el mundo; tiene multiformes aspectos negativos como los extremismos ideológicos, los expansionismos, los dominios, los terrorismos, los bloqueos de las capacidades críticas, los controles masivos de las comunicaciones y de las personas.

A nivel mundial asistimos a crecientes holeadas de migraciones por el hambre, por las guerras, por las persecuciones políticas, por los refugiados, por los desastres ambientales, etc., y crecen los problemas de convivencia por la creciente movilidad poblacional.

¿Cómo vivir en paz ante la avalancha de los problemas que traen los nuevos inquilinos?

Además de las dificultades normales de los países se suma ahora la presencia de poblaciones diversas por lenguas, culturas y religiones. Y en el futuro el fenómeno de las migraciones será cada vez más masivo, debido al cambio climático y al desastre que este va a generar. Ver los informes del IPCC, Intergovernamental Panel on Climate Change.

Necesitamos asumir urgentemente actitudes eficaces frente a la avalancha de situaciones adversas que el cambio climático nos trae y aún más traerá. Las políticas mundiales actuales aparecen insuficientes, según el criterio de los científicos, para proteger el planeta de colapsos.

Es necesario trabajar en la educación de las poblaciones para crear nuevas maneras de pensar y actuar en vista a la conservación del planeta y de sus habitantes.

Estamos todos en el mismo barco: los países del hemisferio norte y los del hemisferio sur. O nos salvamos todos juntos o nos hundiremos todos juntos. Hemos experimentado fehacientemente en estos últimos años que todo está interconectado: el virus estallado en China se difundió rápidamente en todos los países del mundo; el conflicto bélico aparentemente entre dos países, Ucrania y Rusia, generó una debacle mundial con serias consecuencias en todos los países del planeta: entre ellos la suba de los precios, la escasez de combustibles, en algunos países hasta hambruna debido al bloqueo de barcos de granos y fertilizantes en el Mar Negro.

Creo que para avanzar en nuestras reflexiones y prácticas socio-políticas, deberíamos acudir a las luces que nos pueden proporcionar las propuestas de la interculturalidad en sus formulaciones más genuinas. En breve podemos decir que es un proceso basado sobre la ancestral práctica indígena de la reciprocidad: todos tenemos algo que dar y algo que recibir. Esto se puede aplicar a las diversas culturas: todas tienen algo valioso que ofrecer y algo que recibir.

Aquí no da el tiempo para tratar este tema, pero creo conveniente para todos analizar y profundizar las propuestas de la interculturalidad, así como las presenta la antropología social; puede arrojar bastantes luces para iluminarnos.

Ante las sombras de un mundo cerrado, necesitamos soñar, pensar y gestar un mundo abierto; despertar un corazón nuevo hacia el mundo global; activar el amor político, o sea un amor que integra y reúne.

La amistad social implica construir en común, consensuar en la verdad, construir una cultura del encuentro y del gusto de apreciar al otro; ser artesanos de la paz, no perder la memoria del pasado y saber perdonar; finalmente es de auspiciar que las religiones estén al servicio de la fraternidad en el mundo; las religiones no son un fin en sí sino un instrumento para salvar al planeta y a sus poblaciones de las violencias y desastres producidos por los mismo habitantes.

Muchas gracias. una riqueza imperdible.

(*) Reconocido antropólogo, teólogo y sociólogo, especializado en culturas originarias del Paraguay.

Cumplió estudios de Ingeniería Química y Civil en la Universidad de Milán (Italia); de Antropología Social en la Universidad de Londres (Inglaterra); y de Teología en la Universidad de Roma (Italia).

Vivió por varios años en aldeas indígenas chaqueñas compartiendo las aspiraciones de los pueblos indigenas y las perspectivas del desarrollo sustentable. Llegó a ser adoptado como miembro de un clan del pueblo ayoreo.

Desde 1994 hasta el 2016 fue director del Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica. Fue galardonado con el Premio Internacional de la Paz, por el Gobierno de la Región de Lombardía; la medalla "El Cabildo", del Congreso Nacional, por su labor en la creatividad, innovación e investigación científica, el premio Cuore Amico, llamado "el Nobel de los misioneros", entre otros.

Recibió un homenaje por parte de la Universidad Católica por su gran aporte como antropólogo, teólogo y sociólogo. Además de su legado de investigación en culturas originarias del Paraguay.

Autor de varios libros y publicaciones.

Asunción, 29 de julio de 2022

“La amistad social implica construir en común, consensuar en la verdad, construir una cultura del encuentro y del gusto de apreciar al otro”

“La amistad social implica construir en común, consensuar en la verdad, construir una cultura del encuentro y del gusto de apreciar al otro”


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